¿Cada años humano equivale a siete años de un perro? ¿Los gatos tienen siete vidas? ¿Es normal que vomiten bolas de pelo?
Desmentimos algunos de los mitos creados en torno a los perros y los gatos.
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Los perros y los gatos son los amigos más amadas por el ser humano desde hace miles de años, lo que ha hecho que hayamos desarrollado cientos de mitos en torno a ellos que les otorgan características de lo más extraño. Algunas de ellas son ciertas, pero en este artículo nos centraremos en algunas de ellas que no lo son… Y es más que probable que nos encontremos frente a alguno de estso mitos pensando “vaya, ¿esto no es cierto?”.

 

Perros

 
La saliva del perro cura heridas… Seguro que lo has oído ¿no es así? Pues no es cierto. Más bien es al contrario, pues la saliva del perro, como la de cualquier animal puede transmitirnos las enfermedades e infecciones que estos tengan. Esto nos lleva a desmontar un segundo mito, el que asegura que la boca de los perros está mas limpia y tiene menos bacterias que la de los humanos ¿en qué se basan los que aseguran esto? No hay ninguna evidencia científica acerca de ello; ni la higiene bucal de los perros es la misma que la de los humanos ni nuestros fieles amigos son especialmente cuidadosos con los que se llevan a la boca… Así que si a alguien le gustan los lametones de su perro, que sea consciente del riesgo que conlleva.
 
 
Y ya que estamos con la boca, debemos mencionar que a ningún perro se le bloquea la mandíbula cuando ha mordido a otro, ni siquiera a los de presa. Si no abren la boca después de morder es, simplemente, porque cuando están enfadados y tienen un buen bocado entre los dientes, no les interesa soltarlo...
 
 
Tampoco se puede asegurar que los perros de pura raza tengan peor salud que los perros que tienen padres de distintas razas. No obstante debemos admitir que hay algunas razas puras de perros que presentan dolencias endémicas, mientras que en las mezclas de razas suelen triunfar los genes más fuertes. Esto último desmonta otro mito, contrario al anterior pero también muy extendido, el que asegura que los perros de pura raza no contraen enfermdades comunes… Sin comentarios…
 
 
Tendemos, además, a comparar las características caninas con las humanas. Decimos que cada año de un perro equivale a siete años humanos… Bueno, cada vez hay más casos de perros que viven 15 o 16 años, o incluso más, lo que significaría que han alcanzado los 105 o 112 años… Aunque no sea algo imposible ¿de cuántas personas de esa edad tenemos noticia? No, no podemos seguir haciendo ese cálculo. De la misma manera que no podemos decir que los perros ven en blanco y negro, pues sí que perciben colores, aunque de otra manera que los humanos, ¿quién puede asegurar que no somos nosotros los que no percibimos los colores adecuadamente?
 
 
Y un último y garrafal error es el que considera que los perros deben comer huesos, nada más lejos de la realidad: a los perros ni les gustan los huesos ni deben comerlos. Lo que sucede es que cuando no tienen nada más, su dentadura les permite romper los huesos para acceder a la médula que estos contienen. Y solo cuando tienen mucha hambre ingieren los propios huesos, pero ello les puede producir tremendos problemas gastrointestinales y desgarros internos. Así que no, no les demos huesos a los perros.
 
 

Gatos

 

Hay algunos mitos esotéricos sobre los gatos que no entraremos a valorar porque se desmontan a sí mismos (los gatos tienen 7 vidas, absorben la energía negativa, los gatos negros atraen a la mala suerte, etc.). Sin embargo, tal como sucede con los perros, hay otros mitos no tan estrafalarios pero igualmente falsos que han calado profundamente en las creencias de la sociedad. Mencionaremos algunos de ellos que quizá nos hagan replantearnos lo fácil que es que un mito que no va acompañado de ninguna prueba real se asiente en la mente colectiva como algo válido.
 
 
Sabemos que los gatos tienen una gran habilidad para caer sobre sus patas cuando sufren una caída, algo que tendemos a asociar con que no sufren daños corporales con las caídas. Pues bien… No es cierto. Cuando la caída es grande sí pueden sufrir daños, pues no es lo mismo caer de 3 metros que de 10. De hecho, son relativamente habituales los casos de gatos que no se atreven a bajar del árbol al que se han subido ¿no es así? No obstante, si no pudieran sufrir daños ¿por qué habrían de temer a la caída?
 
 
Otro mito muy arraigado (casi tanto como el de que los huesos forman parte de la dieta de los perros) es que debe resultarnos normal que los gatos vomiten bolas de pelo. Más bien al contrario, cuando esto sucede deberíamos ir al veterinario para asegurarnos de que el pelo no le está provocando problemas intestinales y, por supuesto, para enterarnos de cuáles son los problemas alimenticios que le están provocando esta situación.
 
 
Ya que hablamos de la alimentación, debemos puntualizar que los gatos no comen ratones (a no ser que se trate de gatos salvajes, que no es el caso de nuestras mascotas). Por otro lado, aunque pueden tomar leche y beneficiarse de su grasa, lo cierto es que no les gusta especialmente y la lactosa les resulta indigesta. Toman leche por costumbre porque, por norma general, desde que eran cachorros sus dueños no han dejado nunca de dársela, y porque el momento en que un humano le sirve leche a un gato es como un ritual mediante el que el gato recibe toda la atención, lo que le encanta.
 
 
Otro gran mito es que el gato es siempre un animal salvaje inadiestrable…. Si esto fuera verdad tendríamos un asesino potencial en miniatura en nuestras casas, ¡claro que se puede adiestrar! Lo que sucede es que los gatos, aunque necesitan de la presencia de sus dueños, tienen un carácter mucho menos social que el de los perros y, por lo tanto, debemos aprovechar los momentos en los que quieren estar cerca de nosotros para adiestrarlos. Ahora bien, incluso tras años de vida doméstica y adiestramiento, los gatos siguen necesitando de largos ratos de soledad. Es precisamente esa conducta individualista lo que nos ha llevado a pensar que el gato es traicionero o infiel; pero, en realidad, lo que habitualmente desea es mantener su parcela de individualidad. Solo si comparamos la conducta del gato, con la conducta absolutamente social del perro, consideraremos que la de aquel es antisocial o desleal…