Hace unos días se ha hecho pública desde el Hospital Gregorio Marañón de Madrid una noticia que corre el riesgo de pasar un tanto desapercibida, tanto por la complejidad del mensaje médico como por el vértigo informativo a que es sometido el lector potencial de este tipo de notas científicas: sin ir mas lejos, el mismo día todos los periódicos mundiales abrían con la primera eliminación de una alteración genética en el embrión y las posibles implicaciones futuras sobre miles de enfermedades de estos procedimientos. Lo publicitado desde el hospital madrileño suena mucho más modesto que los periódicos anuncios de descubrimientos que pueden curar no sé cuántas enfermedades y que luego por desgracia no se concretan en nada práctico, pero en cambio es mucho más real y potencialmente puede ayudar a millones de enfermos en todo el mundo.
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Se trata de un fármaco, la cilastatina, que ya se asoció a un antibiótico para mejorar su actividad en los años noventa. Lo novedoso es el descubrimiento de que impide el avance de la toxicidad sobre el riñón de tratamientos absolutamente necesarios para enfermedades tumorales, sida, trasplantes o infecciones, sin interferir en el efecto terapéutico de los medicamentos para tratar estas enfermedades.
 
Para apreciar la relevancia del tema hay que tener en cuenta que la medicina moderna es cada vez más agresiva tanto desde el punto de vista de los medicamentos utilizados, a veces con una toxicidad importante pero necesaria para conseguir sus objetivos, como de los procedimientos quirúrgicos impensables hace unas décadas y que se aplican en enfermos sin límite de edad y a veces en situaciones de extrema gravedad. Esto hace que con frecuencia los riñones vean afectada su función produciéndose lo que se conoce como "fracaso renal agudo", un fallo en el mejor de los casos temporal de su funcionamiento pero que a veces es permanente y que con frecuencia requiere ser tratado con diálisis e ingreso en UVI.La situación es potencialmente muy grave y puede condicionar la muerte o bien complicaciones graves que aumentan el tiempo de estancia en el hospital.
 
 
Existen medidas preventivas de hidratación del paciente pero ni siempre son eficaces ni a veces son posibles en situaciones de urgencia. Al final en un solo año se dieron 60.000 de estos fracasos renales de diversa intensidad, solo en la Comunidad de Madrid. Hasta el 7% de los enfermos ingresados en un hospital la padecen y las cifras pueden llegar hasta más de la mitad entre los enfermos críticos, lo que da una idea del problema.
 
Pues bien, lo que el grupo dirigido por los profesores Tejedor y Lázaro han demostrado en modelos animales es que la cilastatina, aunque no impide el daño inicial al riñón, si evita la progresión del mismo y por tanto minimiza la lesión y evita que se produzca el fallo renal.
 
Naturalmente es preciso demostrar que el medicamento va a funcionar en la especie humana mediante los consiguientes ensayos clínicos que ya está previsto realizarse a lo largo de 2018, pero en este caso los cimientos de la investigación parecen sólidos, la molécula ya se usó con otros fines en los noventa con buena tolerancia y lo esperable es que funcione en este tipo de enfermos con los consiguientes beneficios que de ello se derivarían.
 
Se ha descrito muy acertadamente como el Omeprazol del riñón y hay que recordar que este protector gástrico es el medicamento más consumido, al menos en España y ha cambiado la historia de la úlcera gastroduodenal. Si la cilastatina funciona bien en humanos y se generaliza su uso, podrían ser millones los enfermos beneficiados en todo el mundo.
 
Un gran avance y logrado en un hospital español. La más sincera enhorabuena al grupo del Gregorio Marañón con deseos de que se aplique en clínica lo antes posible. Son muchos los enfermos que, quizás sin saberlo, les van a deber la vida.